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martes, 30 de mayo de 2017

ORCHIS PAPILIONACEA

Una antigua historia de chocolate y cromos, con efecto mariposa en los recuerdos

Orchis papilionacea
Orchis papilionacea


Desenvolver cualquier tarde una tableta de chocolate Nestlé me lleva con frecuencia a mirar muchos años atrás y recordar episodios infantiles. 
Las tabletas y chocolatinas de antes y de ahora mantienen el estilo con envoltorios similares: uno externo rojo (donde ahora dice Nestlé que el cacao procede de cultivos sostenibles, entre otras muchas informaciones) y otro interno de “papel de plata” (que se guardaba para los “chinitos”). 
Hace sesenta años, en el rojo había menos letras, pero con la tableta venía además algo interesante, muy interesante para mí: 
entre los dos envoltorios estaban… 
¡los cromos! 



Orchis papilionacea
Las chocolatinas de Nestlé eran caras y te las tenías que ganar con buenas notas. Entonces en el cole las notas nos las daban cada semema con números,  y eso que éramos ochenta por aula y teníamos ocho asignaturas. Así fue como cromo a cromo fui pegando los cromos en los dos álbumes de Las Maravillas del Universo, obsequio de la firma y que conservo como un tesoro. En estos álbumes se trataban de maravillas científicas como son el átomo, la Kon-Tiki, la meterorolgía, los animales disfrazados de plantas, el milagro de los plásticos, cómo trepan las plantas, los perfumes, los sentidos que no posee el hombre o lo que nos dice el árbol, entre 48 temas. Era una doble enciclopedia con cromos de colores, con asuntos, textos y formato bien distintos de los que se ofrecían en esos años cincuenta en las enciclopedias escolares. 


De estos temas, he guardado en la memoria el título del séptimo, como una de esas melodías que no te la puedes quitar y que una y otra vez repites sin querer: 
¡El difícil cultivo de las orquídeas! 
Las orquídeas, según el texto que rodeaba a los cromos, eran unas plantas exóticas tan difíciles de reproducir, que precisaban de unos tubos esterilizados que contenían caldos gelatinosos y siete años de pacientes, delicados y complicados cuidados para lograr nuevas plantas, según había descubierto “un sabio llamado Noël Bernard”.
¡Qué entendería yo de todo aquél misterioso galimatías científico!


Orchis papilionacea


Después de tantos años repitiéndome y asociando difícil con orquídeas, me confirmaron lo que decía el texto, que en Europa hay más de sesenta especies de las seis mil conocidas. Y entonces, ¿dónde está lo difícil, si las tenemos a la puerta de casa? Y, de manera similar al asombro y la decepción de saber que los magos no vienen de oriente,  así es como he llegado a distinguir en este entorno veintiséis especies y varias híbridas, de las treinta y ocho localizadas en la sierra de Leyre. Me quedan, por tanto, sorpresas agradables, pero no creo que superen al hecho de haber localizado la orquídea mariposa (papilonacea) en una espuenda hacia Ogaste.



Orchis papilionacea




Todas las fotos son de la misma planta que año tras año se empeña en florecer a mediados de abril. Hace ya nueve años que la vi por primera vez y no ha fallado a la cita tampoco este año. No sé cuántos años llevaba floreciendo antes que la viera, ni cuántos la seguiré viendo, pero es un rareza encontrarla solitaria y tan alejada de otras de su especie. 
Sólo poblaciones reducidas y distantes se encuentran en la mitad norte de la península, donde no está protegida por ser habitual en las proximidades del Mediterráneo, no así por estas latitudes.





Orchis papilionacea


En Turquía, sin embargo, se ha limitado su recolección incontrolada para preservar su supervivencia. En ese país se elabora una harina a partir de sus tubérculos (orchis, por su forma testicular), considerada de interés medicinal por su efecto protector sobre las membranas mucosas internas. Esta harina diluida es la bebida llamada sarep y que se emplea en el tratamiento de la gingivitis o la gastroenteritis. 
No seré yo quien la emplee para hacer sarep, pero puede haber quien trate de librar de hierbas el canal donde se encuentra y, colorín colorado, se habrá acabado  la historia de esta orquídea mariposa.




No las moscas, sino vosotros, los cromos, amigos viejos, me evocáis todas las cosas

Orchis papilionacea

martes, 9 de mayo de 2017

THALICTRUM TUBEROSUM

Del Pirineo a Corea, leyendo en pétalos blancos
               
Thalictrum tuberosum
Thalictrum tuberosum
“Adornan (las plantas) la superficie de la tierra, cubriendo su aridez, sucesivamente, el verdor de sus hojas, la belleza de sus flores y el regalo de sus frutos”, escribió el Dr. D. Don Agustín Yañez y Girona en 1820 en sus Lecciones de Historia Natural. Es claro que la vena romántica se nota hasta el los tratados más sesudos de botánica de la época y no es para menos viendo estos días estos tralictos por los escarpes de la sierra. En este caso, sin embargo, mejor olvidarse del regalo de sus frutos y contentarnos con disfrutar del encanto visual.
Thalictrum tuberosum




Pues sí, a esta parte del planeta que queda al sur de los Pirineos tendrán que venir los turistas y naturalistas, si quieren contemplar in situ esta especie de tralicto, el tuberosum concretamente. No obstante, numerosos museos, jardines botánicos y tiendas de flores la tienen a disposición de visitantes o jardineros, bien sea en Dinamarca o el Ulster y aparece descrita en no pocas publicaciones, una de ellas, la Enciclopedia londinense.



Thalictrum tuberosum




En cantidad de presentaciones botánicas se admira su vistosidad, al tiempo que se advierte de su toxicidad.  Así que en este punto, rehuso “el regalo de sus frutos” y no hago caso, con perdón, a D. Agustín. 
Bien es verdad que la toxicidad más que en los frutos aéreos se concentra bajo tierra. Y así es como llego al nombre específico, tuberosum, que hace referencia no a tubos, sino a los tubérculos que engrosan las raíces de este tralicto. En este detalle se fijó el ínclito Linneo para distinguir esta planta de otros tralictos, en general, no tan espléndidos.




Thalictrum tuberosum



Si hay quienes ante el peligro se crecen, ante un tóxico son los investigadores quienes se agigantan y no paran hasta dar con la razón venenosa. Así veo, pues, que en varios laboratorios bien distantes del Pirineo se han investigado los componentes que dan el carácter tóxico a este tralicto. Este tóxico resulta un biocatalizador en la formación del puente metilendioxi en la síntesis de berberina que puede funcionar como bloqueador de los canales del calcio.
¡Ahí queda eso! 
Y, como los científicos de Corea no quieren quedarse atrás, han estudiado la homodimerización de este tralicto. 
Tengo claro que esto también lo dejo para la próxima vida.



Thalictrum tuberosum

Los investigadores de por aquí no van tan allí, con el tema de los tóxicos; se ocupan del interés reproductivo de las formas de las flores. Varios talictos no tienen pétalos tan vistosos, sino largos estambres. Esto es debido a que su forma de difundir el polen para la fecundación de las flores es diferente: el viento difunde el polen de los tralictos con largos estambres, mientras que el tuberoso ha desarrollado pétalos vistosos, néctar y cortos estambres para atraer a los insectos dípteros, himenópteros o coleópteros, como este Oxythyrea funesta de la foto, para que le hagan el trabajo de llevar su polen a otras flores. 
Esto sí que es reciprocidad y trabajar en equipo.


      

Todo un camino, de los pétalos blancos de las pedrizas de la sierra 
a las probetas burbujeantes de esforzados investigadores
     
Thalictrum tuberosum