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martes, 21 de febrero de 2017

CORNUS SANGUINEA

Arbusto colorista, renombrado  y viejo conocido 
                           
Cornus sanguinea
Cornus sanguinea



Ötzi, el gran Ötzi de los Alpes, no podía más;  estaba  cansado, muy cansado... y malherido. Una flecha le había alcanzado por la espalda. Cayó de bruces sobre la nieve, dejó de notar el intenso dolor y un largo y blanco sueño lo envolvió suavemente. Nadie vino a buscarlo, nadie lo tocó y allí quedó tendido con su gorro de oso, el arco de tejo y las flechas de cornejo (cornus). 
Hace unos años, Helmut y Erika Simon lo encontraron; bajaban del  Finialspitze fuera del camino habitual; el gran Ötzi llevaba allí caído más de cinco mil años.



Cornus sanguinea








Por lo visto, pues, el cornejo es un arbusto que tiene madera suficientemente rígida como para que con ella Ötzi hiciera flechas y que resultaba fácil de trabajar con herramientas anteriores a la Edad del Hierro. 
Ha tenido, además, usos menos belicosos: las ramas jóvenes aun flexibles se han usado en la confección de cestos, que al secarse eran consistentes. Quizá ese fue el origen de emplearse como trampas para peces desde la lejana época calcolítica
De otra parte,  las ramas más gruesas y endurecidas  se han torneado y han servido de mangos de herramientas diversas.  



Cornus sanguinea





Así mismo, por lo intrincado de su ramaje, se ha empleado para cercados con los que limitar prados y campos de cultivo. De este modo, su pervivencia se ha mantenido y su presencia está ampliamente generalizada ahora. 
Tal difusión se refleja en la variedad de denominaciones. En el reducido territorio actual de habla vasca se han recogido hasta 26 vocablos, entre ellos: barbandola,  zibilindur o zuandurra . En castellano, cornejo es el nombre más usual, entre incontables denominaciones locales,  derivada del latino, cornus, que da nombre a esta familia y a este  género de plantas.




Cornus sanguinea





El carácter venenoso de las bayas negras del cornejo, que sin embargo ingieren variedad de aves, no ha desanimado su uso en medicina popular. La presencia de aucibina no las hace comestibles, pero suele usarse de forma tópica como cicatrizante y antiinflamatorio.  Se cita también el uso antipirético para bajar la fiebre, pero se advierte que se puede salir volando como los pájaros, por los efectos vomitivos. 
Más de fiar son las investigaciones que analizan sus componentes, como son las antocianinas, cuyo valor antioxidante en procesos bioquímicos, las hacen interesantes para algunos tratamientos.


Cornus sanguinea





Otros estudios han comprobado que el color rojizo (sanguinea) de las ramas en otoño se debe a la aparición de una doble capa de células que les dan ese color peculiar y que les hace de interés en jardinería. Se cree que puede tener función de protección tras la caída de las hojas
Ese detalle colorista no tiene su congénere Cornus mas, que con un color anodino, sin embargo,  ha entrado en la mitología griega (con su madera se construyó el caballo de Troya) y romana (la jabalina que lanzó Rómulo para fijar el emplazamiento de Roma era de esa madera) ¡Toma ya!






Por los ribazos frescos y las escorrentías, recordamos historias, historietas  y mitologías
     
Cornus sanguinea

martes, 7 de febrero de 2017

CREPIS SANCTA

Santas y discretas, en la efervescente vida de primavera
   
Crepis sancta
Crepis sancta



Sospecho que hay flores de segunda y hasta de tercera. Así es que vemos flores silvestres deslumbrantes por su forma, color o fragancia y otras que pasan desapercibidas; figuran como un elemento más del paisaje habitual de todas las primaveras y no reciben una atención admirativa. Y esto es en el mejor de los casos, porque si oyeran, tendrían que oír comentarios como:
̶ ¡Bah! esas son de las meonas ̶  como suele decirse en general de las plantas con cabezuelas amarillas. Entre esas amarillas ¡claro!, estas crepis que cubren los ribazos, sotos, olivares y eras del pueblo.
̶̶  ¿Sordas? Para lo que hay que oír…
Crepis sancta









Cierto es que se parece al diente de león, pero son pelosas y si se corta el tallo, parece que no echa tanta savia blanca. Además, de lejos hacen el efecto de una alfombra de color amarillo, sobre el fondo verde de las hojas que cubren el suelo. Esta abundancia me confundió porque tenía leído que su presencia era solo puntual en Navarra. Desconozco cuándo ha ocurrido la profusa difusión de estas crepis, que también las he visto abundantes por terrenos similares de Cáseda, en la margen izquierda del Aragón.



Crepis sancta





Esta especie parece ser originaria de las proximidades del Asia Menor, desde donde se difundió por la cuenca mediterránea. Ya a comienzos del S.XIX se localizaba en Avignon (Francia) en 1818 y paulativamente se expandió hacia el sur y hacia el norte, siendo hoy en día abundante en todo el paísEn Bélgica se localizó a final de los cuarenta del S.XX y se la consideró planta invasora, lo mismo que en el entorno del lago de Banyoles de Girona. 
El seguimiento de su expansión fue posible por las sucesivas localizacio-nes en territorio francés a lo largo del S.XIX.
Crepis sancta





Quizá esta expansión sea favorecida por el hecho de que las flores agrupadas en la inflorescencia produzcan dos tipos cipselas. Las cipselas, estas semillas formadas por aquenio y vilano, que llevadas por el viento o el soplo de los melancólicos, se alejan de la base de la planta. 
Tener cipselas es común con otras plantas de flores compuestas, como los cardos o el té de roca. Lo que diferencia esta especie, también de otras crepis, es que tienen dos tipos de cipselas: las interiores tienen aquenios marrones alargados y las exteriores son claras y tienen alas extendidas a lo largo del aquenio.
Además, tienen largos pelos en la base de la inflorescencia.

Crepis sancta






Estas santas crepis no serán especialmente vistosas, pero han atraído la atención de variados insectos, algunos tan útiles como las abejas productoras de miel.
Y además de los insectos,  se han fijado en ellas los investigadores, quienes han estudiado en ellas temas tan variopintos como el efecto Alle sobre su supervivencia en entornos urbanos, las variaciones genéticas a través del estudio de los microsatélites polimórficos, la depresión endogámica en virtud de la competencia intraespecífica o que han cuestionado la Ley Baker, ¡nada menos!
¡Y claro! No podía faltar en este sarao la industria de pesticidas, para eliminarlas con amitrol del suelo de los olivares.


  
Sorprendente y maravillosa complejidad, hasta en las plantas más anodinas
   
Crepis sancta