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viernes, 20 de enero de 2017

SCILLA VERNA

Desatendidos encantos de primavera a la vista de montañeros despreocupados
     
Scilla verna
Scilla verna


La palabra escila, de origen griego, me resulta de una sonoridad delicada, acorde con la gracia de las flores que tienen este nombre. Pero esto, poco tiene que ver con el aspecto monstruoso de la ninfa Escila que amenazaba con devorar a la tripulación de Ulises en su Odisea. Por otra parte, aunque en griego suena como esquila, tampoco me tiene por qué recordar una bucólica estampa pastoril. Al parecer, con esta misma palabra los griegos se referían a varias especies de plantas bulbosas, dato que llevó a Carl Linneo a aplicarlo a este género concreto de ellas. El lema de este insigne naturalista era: “Si ignoras el nombre de las cosas, olvidas también lo que de ellas sabes”, por lo que unos de los aspectos de su gran labor clasificatoria fue dar con nombres para designar cada género de seres cuyas características diferenciaba.
       
Scilla verna





Estos días veo nevada la sierra y hoy la cumbre del Arangoiti está cubierta por la niebla. Pero, sin duda, bajo la nieve se guardan las pequeñas cebollas de las escilas, que otros años he visto florecer por primavera. 
No es una planta que aparezca por las espuendas o los faitíos del pueblo, no. Si las quiero contemplar tendré que subir desde Leyre, allá por abril, cuando la temperatura sea agradable. Ir a verlas me resultará un estímulo más para animarme a dar un paseo mañanero por la Cañada de los Roncaleses hacia El Rallar.

Scilla verna









A las cebollas de las que brotan las escilas no les han debido de encontrar interés culinario por ahora; así que no las he visto mencionadas en recetarios caseros o novedosos. Tampoco he visto que hayan sido parte de tratamientos medicinales populares, como lo han sido otro tipo de cebollas. Al carecer de estos antecedentes, sus elementos vegetativos tampoco han sido objeto de investigaciones para determinar sus componentes químicos, hasta lo que he podido ver, y sin las consecuentes aplicaciones farmacológicas. 



Scilla verna






Así mismo, carecen de fragancia y por esto no son una tentación que lleve a los paseantes a arrancarlas o cortarlas para disfrutar momentáneamente de su aroma. Sin fragancia, la industria perfumera la ha ignorado  y así ha conservado su carácter silvestre, libre de cultivos intensivos. Ciertamente, el azulado de sus pétalos es un atractivo visual, pero no ha llegado a ser de una intensidad suficiente como para ser de interés en la obtención de alguna de las muchas variedades del color azul. Los pintores y la industria de los colorantes han preferido elementos minerales, antes que vegetales, para obtener cualquiera de los matices de este color.
Scilla verna









Gracias a todo ello, las escilas de primavera (verna) son un adorno ampliamente difundido por los cordales montañosos de Navarra. Esta abundancia no ha despertado tanto interés como en el Condado de Down Irlanda del Norte, cuna del padre de las hermanas Brönte, donde figura como la flor del condado. Por aquí, disfrutan de momento de una confortable tranquilidad, solo amenazada por un cierto interés jardinero (que no parece estar excesivamente difundido) o por las botas de los montañeros quienes, con la mirada al frente, no reparan en las escilas que asoman por los caminos.




   
Entre tanta flor primaveral, 
estas escilas seran una especie más para deleite de montañeros 
    
Scilla verna

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