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viernes, 9 de octubre de 2015

CENTRANTHUS RUBER

Mil amores y mil flores se asoman y ruborizan en el seto de bojes
     
Centranthus ruber, mil flores
Centranthus ruber, mil flores







La tarde de agosto estaba tormentosa. Había empezado por oírse truenos lejanos, luego llegaron las gotas gruesas de lluvia y, al poco, el viento cruzado, el fulgor de los relámpagos, la lluvia intensa iluminada con el destello rayos que veía tras la Casa del Ventero. 
Todo este alboroto de tormenta de verano duró poco, dejó las calles húmedas y a las “mil amores”, que asomaban entre los bojes del seto, adornadas con gotitas arcoíris.










Centranthus ruber, mil flores






Las mil amores terminan en una inflorescencia de mil florecillas con largos espolones que se despliegan en cinco pétalos desiguales. De entre ellos aflora un pistilo y una antera con sus granitos de polen rosado. 
Deseaba que el viento y la lluvia las hubiera respetado y ayudado a fecundar. De todas formas, habría quedado abundante polen y néctar como para resultar atrayentes esa tarde a multitud de insectos. 








Centranthus ruber, mil flores




Una vez más me sorprendía la variedad de formas florales que han desarrollado las plantas para asegurarse la fecundidad, y eso que las mil amores son plantas perennes. El largo espolón, que contiene el néctar, ha servido a los botánicos para darle el nombre genérico, Centranthus (kéntron = espolón; ánthos = flor) y el nombre específico ruber, rojo, abre el tema de los colores.
Centranthus ruber, mil flores









El asunto de los colores de las flores, polémico por aquello de que “para gustos, los colores” y difícil para quienes dudamos con los matices. Las mil amores, ¿son rojas, púrpuras, rosadas o... por ruber se ruborizan? 
Años y años de investigaciones han puesto de manifiesto que las plantas tienen unos industriosos laboratorios para producción de colorantes (simbolizados con geométricas fórmulas químicas), como lo son las antocianinas que ruborizan a las mil amores. 



Centranthus ruber, mil flores



Estos colorantes, que alarman a los consumidores cuando los vemos como complementos alimentarios con la etiqueta E-163, son los que dan el color tinto a las uvas maduras, a las moras, a las cerezas, a las frambuesas o a los rábanos y las berzas moradas y nos son, sin embargo, ampliamente beneficiosos
¡Ah! También la digitalina tiene abundantes antocianinas, pero ¡cuidado!, que no es oro todo lo que reluce, ni todos los aditivos alimentarios son igualmente saludables, aunque aparezcan en productos de medicina alternativa.


  
Las tormentas, los olores, los colores… el verano se ha ido y el otoño nos viene con los suyos
     
Centranthus ruber, mil flores

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